Conociendo al Yo Soy

Posted on by Maria Belli

“Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.” (Salmos‬ ‭90:12‬ ‭NTV‬‬)

La pandemia del Covid generalizó el temor. Temor al futuro, temor a enfermarnos, temor a dificultades económicas. Pero el temor más grande es a la muerte. Aunque sabemos que todos vamos a morir, no nos gusta pensar en eso. Sólo cuando muere alguien cercano, nos vemos obligados a ver la muerte cara a cara. Hay un versículo que siempre me ha llamado la atención: “La gente buena se muere; muchas veces, los justos mueren antes de que llegue su hora. Pero a nadie parece importarle el porqué, tampoco se lo preguntan a sí mismos. Parece que nadie entiende que Dios los está protegiendo del mal que vendrá.” (Isaías‬ ‭57:1‬ ‭NTV‬‬)

Jesús nos dijo que en el mundo tendríamos aflicción. Es parte del mundo caído en que vivimos. Pensamos que la muerte es un mal no deseado, pero Isaías dice que con la muerte, Dios libra de la aflicción al justo. ¿Por qué al justo? Porque si no has sido hecho justo por la sangre de Jesús, no serás quitado de la aflicción, sino que te vendrá algo peor.

Mi marido siempre dice que la vida es una carga y una responsabilidad. La muerte nos libera del hastío. ¿Se han fijado que mientras más avanzamos en edad menos nos apegamos a la vida? Yo he conocido muchas personas de la cuarta edad que ya no tienen la ilusión de vivir. Ya hicieron todo, prefieren ir a descansar.

Una vez escuché a un sicólogo decir que si no muriéramos, nos acabaríamos suicidando, por la carga misma de vivir. El sabio Salomón habla en Eclesiastés que él se entregó a los placeres, a adquirir sabiduría, a construir y a amontonar riquezas y todo es como correr tras el viento.

Hace muchos años, leí en Selecciones (Reader’s Digest) un cuento que me dio una nueva perspectiva. La persona hablaba de escuchar la sirena de la ambulancia, de sentir una fuerte opresión en el pecho, los latidos del corazón cada vez perdían intensidad, vió un túnel, y una luz brillante al final del túnel. Al atravesar el túnel y llegar a la luz, escuchó una voz que decía “ya nació”. Era el relato de un parto desde la perspectiva del bebé, pero la narrativa parecía de alguien que sufría un infarto. Lo que aprendí es que el paso de venir al mundo es muy similar al de abandonarlo.

La vida es corta, no importa cuánto vivamos, es corta en comparación con la eternidad. El Salmo 90 pide que ya que la vida es breve, tengamos sabiduría. San Pablo nos dice que no trabajemos tanto por esta vida, sino por la eterna. Busquemos las cosas del cielo. Pongamos los ojos en Jesús.

Tenemos que saber que no importa a qué edad morimos, si tuvimos mucho o poco dinero, tampoco importa de qué morimos, sino adónde vamos. Porque “está establecido que todos los seres humanos deben pasar por la muerte una sola vez para ser a continuación juzgados,” (Hebreos 9:27‬ ‭BLPH‬‬), y en ese juicio no habrá apelación. Por eso debemos ser sabios en nuestras prioridades. En Gálatas, San Pablo nos dice que si vivimos para nuestros placeres, tendremos destrucción y muerte, pero si vivimos para agradar al Espíritu, tendremos vida eterna.

¿Qué les he querido decir? No tengamos temor a la muerte, porque el miedo no nos deja nada. Más bien, preparémonos para ese momento, recibamos el perdón que Jesús nos ofrece, y vivamos la vida que le agrade de modo que cuando muramos, vayamos a Su presencia eterna. Allí no hay dolor ni llanto, ni enfermedad ni muerte.

Oremos
Señor, pido perdón por todos mis pecados, límpiame con Tu sangre preciosa. Enséñame a conocer la brevedad de la vida en esta tierra. Espíritu Santo, ayúdame a vivir de manera que pueda cosechar vida eterna. Amén

(María Belli)